Vitamina D en Ecuador: 7 de cada 10 personas tendrían deficiencia, según estudio

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La vitamina D, conocida como la “vitamina del sol”, cumple un rol clave en el mantenimiento de la salud2. Su deficiencia no solo compromete la integridad del sistema óseo, sino que también se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, obesidad y trastornos inmunológicos2, 3.

La vitamina D también es especialmente relevante para la salud de las mujeres. “Es fundamental para mantener la salud ósea a lo largo de la vida, especialmente en etapas como el embarazo y la menopausia, donde el riesgo de pérdida de masa ósea aumenta”, explica el Dr. Jorge Yamamoto Cuevas, médico endocrinólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Hospital General de México. “Su deficiencia puede acelerar procesos como la osteoporosis y aumentar el riesgo de fracturas”.

“Desde la endocrinología, hoy entendemos que la vitamina D actúa como una hormona esteroidea que influye en múltiples ejes del organismo”, explica el Dr. Jorge Yamamoto Cuevas. “Participa en la regulación del metabolismo de la glucosa, la función tiroidea y la salud reproductiva, lo que la convierte en un componente clave para el equilibrio hormonal, especialmente en mujeres”.

De acuerdo con un estudio publicado en Nutrients, la vitamina D no solo fortalece los huesos, sino que también interviene en el buen funcionamiento del sistema inmune, la salud cardiovascular, el desarrollo durante el embarazo y la función cerebral, contribuyendo a reducir el riesgo de diversas enfermedades crónicas².

La vitamina D regula múltiples procesos en el organismo, como la absorción del calcio, la función inmunológica y la modulación de la inflamación, por lo que su monitoreo debería formar parte de los controles médicos periódicos.

Enfermedades reumáticas como artritis reumatoide, lupus, esclerosis sistémica o síndrome de Sjögren también se relacionan con la deficiencia de vitamina D.

“En la práctica clínica vemos con frecuencia pacientes con dolor musculoesquelético, fatiga o fragilidad ósea asociados a niveles bajos de vitamina D”, explica el Dr. Carlos del Río Acosta, miembro de la Liga Panamericana de Reumatología (PANLAR) y de la Sociedad Ecuatoriana de Reumatología. “La detección oportuna y el manejo adecuado pueden mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes”

La edad avanzada es un factor que limita la activación de vitamina D en la piel, por lo que estos grupos suelen requerir suplementación en dosis mayores5. El único método confiable para conocer los niveles es mediante un examen de sangre basal. En función de los resultados, el médico define la dosis adecuada, generalmente entre 30 y 40 nanogramos por mililitro7.

Los niveles insuficientes de vitamina D son comunes en adultos, especialmente en población urbana y mayor, debido a la baja exposición solar, el uso frecuente de protector solar y dietas pobres en este nutriente1. Incluso en países soleados como Ecuador, el exceso de protección frente al sol puede limitar la síntesis cutánea de provitamina D.

La vitamina D se sintetiza en la piel por efecto de la radiación UVB, pero factores como la edad, el color de piel, el uso de protectores, la contaminación y el estilo de vida en interiores reducen su producción⁶. También se obtiene mediante alimentos como pescados grasos (salmón, atún), huevos, lácteos fortificados y suplementos alimenticios, que son fuentes importantes de este nutriente⁴.

En adultos, la deficiencia puede provocar osteomalacia (huesos blandos), debilidad muscular, dolor óseo difuso y mayor riesgo de caídas y fracturas⁶. Asimismo, se ha documentado su asociación con hipertensión, enfermedades cardiovasculares, trastornos autoinmunes y alteraciones del estado de ánimo, como la depresión³, 12.

Un estudio financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU. (NHLBI) mostró que los suplementos de vitamina D podrían retrasar el envejecimiento celular al preservar la longitud de los telómeros, un marcador clave del envejecimiento biológico¹⁰. Este hallazgo refuerza la importancia de mantener niveles adecuados de vitamina D no solo para la salud ósea e inmunológica, sino también como estrategia preventiva contra el deterioro celular prematuro.

Diversas organizaciones científicas y estudios recientes, como los publicados en Journal of Bone and Mineral Research (2025), advierten que los requerimientos de vitamina D varían según la edad, la dieta, la exposición solar y las condiciones de salud individuales. Por ello, la evaluación médica es fundamental para definir ajustes en la dieta o en la suplementación¹¹.

La vitamina D se dio a conocer a mediados del siglo XX por su relación con el raquitismo en Inglaterra, cuando niños y jóvenes con escasa exposición solar sufrían alteraciones óseas. “Hoy sabemos que más que una vitamina es una hormona, pues actúa en el sistema inmune, en la prevención de tumores, en enfermedades cardiovasculares, infecciosas, además del sistema óseo, muscular y los tejidos”, según lo ha señalado el Dr. Daniel Messina, director del Departamento de Reumatología del Hospital Cosme Argerich en Buenos Aires.

“El seguimiento médico es crucial para identificar deficiencias y corregirlas oportunamente. La prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud ósea y metabólica en la población adulta”, concluye el Dr. Messina.

Recomendaciones para prevenir la deficiencia

  • Exposición solar diaria de 15 a 30 minutos en horarios de menor radiación (antes de las 10 a. m. o después de las 4 p. m.) 13
  • Consumo regular de alimentos ricos en vitamina D o fortificados⁴.
  • Suplementación bajo supervisión médica, cuando sea necesario⁹.

Promover hábitos saludables y difundir educación sobre la importancia de la vitamina D resulta esencial para el bienestar de la población. Concientizar acerca de su papel integral en la salud contribuye a que más personas tomen decisiones informadas a lo largo de la vida. Ante la alta prevalencia de deficiencia de vitamina D en distintos grupos poblacionales, es clave implementar estrategias de salud pública que fortalezcan la educación nutricional y los estilos de vida saludables.

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